domingo, 19 de febrero de 2012

El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.
Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia.
Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.
Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?
Hago una versión, dos o tres, quince, veinte versiones, cada vez más cortas, más apretadas: edición corregida y disminuida.
Inflación palabraria El problema de la inflación monetaria en América Latina es muy grave, pero la inflación palabraria es tan grave como la monetaria o peor; hay un exceso de circulante atroz. Algunos países han tenido éxito en la lucha contra la inflación monetaria pero la inflación palabraria sigue ahí, tan campante. Lo que me gustaría, modestamente, es ayudar un poquito a esa lucha contra la inflación palabraria. O sea, poder ir desnudando el lenguaje. Es el resultado de un gran esfuerzo, y no concluido, porque nace cada vez: a mí me cuesta escribir ahora tanto como cuando tenía 15 o 16 años y lloraba ante la hoja de papel en blanco porque no podía.

¿Función social?
La literatura tiene siempre una función, aunque no sepa que la tiene, y aunque no quiera tenerla. A mí me hacen gracia los escritores que dicen que la literatura no tiene ninguna función social. A partir del momento que alguien escribe y publica está realizando una función social, porque se publica para otros. Si no, es bastante simple: yo escribo en un sobre y lo mando a mi propia casa, pongo "Cartas de amor a mí mismo" y me emociono al recibirlas. Pero es un círculo masturbatorio (no quiero hablar mal de la masturbación, tiene sus ventajas, pero el amor es mejor porque se conoce gente, como decía el viejo chiste).
Es imposible imaginar una literatura que no cumpla una función social. A veces la cumple, y es jodido, en un sentido adormecedor, a veces es una literatura del fatalismo, de la resignación, que te invita a aceptar la realidad en lugar de cambiarla, pero a veces es una literatura reveladora, reveladora de las mil y una caras escondidas de una realidad que es siempre más deslumbrante de lo que uno suponía. Por otro lado me parece que lo de la literatura social es una redundancia porque toda literatura es social. Muchas veces una buena novela de amor es más reveladora y ayuda más a la gente a saber quién es, de dónde viene y a dónde puede llegar, que una mala novela de huelgas. No comparto el criterio de una literatura política que además, en general, es aburridísima.
 
Eduardo Galeano

sábado, 18 de febrero de 2012

Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,

y la memoria se te llene de herrumbre,

de olores descompuestos y de palabras rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros,

una pata de araña;

que sólo puedas alimentarte de barajas usadas

y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,

al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle,

hasta los faroles te corran a patadas;

que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte

ante los tachos de basura

y que todos los habitantes de la ciudad

te confundan con un madero.

Que cuando quieras decir: "Mi amor",

digas: "Pescado frito";

que tus manos intenten estrangularte a cada rato,

y que en vez de tirar el cigarrillo,

seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;

que al acostarse junto a ti,

se metamorfosee en sanguijuela,

y que después de parir un cuervo,

alumbre una llave inglesa.

Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,

para que los espejos, al mirarte,

se suiciden de repugnancia;

que tu único entretenimiento consista en instalarte

en la sala de espera de los dentistas,

disfrazado de cocodrilo,

y que te enamores, tan locamente,

de una caja de hierro,

que no puedas dejar, ni por un solo instante,

de lamerle la cerradura.



Oliverio Girondo

lunes, 20 de junio de 2011

Peatón diga No


Salir, el viento arriba, cualquier mañana de estas
Al día trepidante, izando la paciencia,
Insistiendo en los sueños que no se dan y huyen
Locamente delante de nuestra suerte perra;
Salir, ya maltratado por los informativos
Y con el diario en llamas por la chispa de América
-corriendo hacia lo de uno urgentemente solo-,
es un fulero asunto, una ronca vergüenza
escondida en el fondo del manso portafolios,
esa tonta mochila del peatón sin tregua.


Yo peatón, me digo con el pecho golpeado
Por las humillaciones sucesivas del día,
Digo que yo me digo: hay que hacer algo, viejo,
Antes de que venga el cáncer y te deje en la vía;
Hay que hacer algo y pronto y aquí, sin ir más lejos,
Hacer, no sé qué cornos, empezar la podrida,
Porque yo ya no llego ni con la lengua afuera
Si no empiezo esta cosa de enderezar la vida,
¡Aquí y ahora mismo!, digo, sin dar más vueltas,
Asumiendo la bronca feroz de cada día.


¿Qué hacer? ¿ Qué hacer hermano, debajo de la lluvia?
¿Debajo del cemento, donde un perro agoniza?
¿ Debajo del gobierno, inerme y ciudadano,
Yugando bajo el peso de sus grandes mentiras?

¿Qué hacer?¿ Qué hacer, hermano, lacerado de afiches
¿Dónde la Coca Cola se mata de risa?
Hay que encontrar la forma de dárselas con todo
Por que a mí no me arreglan ya con otra aspirina;
 
Pero, ¿qué hacer, hermano, debajo de la lluvia
¿Cómo un desopilante inspector de cornisas?


Yo peatón, culpable de ser la muchedumbre,
Yo mismísima culpa, ¡no compro mas tranvías!
Digo no. NO y a muerte. ¡No redondo y en seco!
¡Y para todo el viaje digo un No cañonazo!
¡ Un No en la plena jeta del mercader de Patria!
¡ NO ¡ ¡ Hasta qué yo tenga las treinta y tres de mano!


¿ Se da cuenta, compadre? Era simple la cosa.
Como dicen los bolches: la libertad se ejerce.
Ya tengo la precisa. Digo No, simplemente,
Y SE LES VIENE ABAJO TODA LA ESTANTERÍA.
 
Pruebe, compadre, empiece por los No más pequeños,
No a la pequeña burla que casi ni se siente,
Diga No a los legales prósperamente oscuros,
A las fotonovelas, al cantante epiléptico;
No al opio venenoso de la TV y la Radio.
Diga No. Es una Bomba: ¡ y con la mecha ardiendo!

Dígalos en todas partes, en su casa, en la feria,
En la calle, en los trenes, en la cancha, en el viento;
Y lúzcalo orgulloso como un pañuelo nuevo,
 
Después, vaya subiendo en grados subversivos
Hasta el no más heroico y de cada momento:
No a las persecuciones, a la atroz carestía,
A los golpes rengos;
No a los Yanquis en Cuba ( o en cualquier otra parte)
No a la guerra asesina en Vietnam, por ejemplo,
A que humillen la sangre como en Santo Domingo
Sumando nuestra sangre a sumados ejércitos;
Diga no sin tapujos allí donde se le cuadre
Hasta que se propague por el país entero
Un No como una casa, grande como una casa
Donde un día podamos alojar nuestros sueños.


Pero si acaso siente por el aire un sonido
Como de pueblo andando caudal en su torrente,
Si fueran a buscarlo los compañeros río
Para Jordán y limo de sus hondas vertientes,
Empínese en la honra de la Patria que amamos
Y salga a decir Sí,
Sencillamente.

Armando Tejada Gómez - Mendocino - Argentino

sábado, 30 de abril de 2011


 
El Amor - Eduardo Galeano - Memorias del fuego I. - Los Nacimientos.

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.

- Te han cortado?- preguntó el hombre.
- No-dijo ella-. Siempre he sido asi.

El la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta.
Dijo:

- No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Echate en la hamaca y descansá.

Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reirse, cuando el le decía:
- No te preocupes.

El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en la hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.

Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
- Lo encontré! Lo encontré!

Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
- Es asi -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.

Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desdprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.

lunes, 25 de abril de 2011

Táctica y Estrategia - Mario Benedetti

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
 

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
 

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
 

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
 

no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple


mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

viernes, 11 de marzo de 2011


Lectura Veloz, curso
Debemos aprender a presentarnos como lectores entre gente que dice leer. El problema es cómo hacerlo, sin tener que gastar nuestra vida en ese penoso ejercicio.
Comencemos por lo más fácil: el "best-seller". Libro indiscutido a nivel de lectores no comprometidos. Todo el mundo afirma que es bueno. Todos, menos los intelectuales para quienes es el peor libro que se ha escrito. El solo hecho de haber logrado popularidad ya lo descalifica. Es obvio que si les gusta a todos, todos no son cultos.
No hace falta leerlo. Todas las revistas y diarios publican crónicas sobre el "best-seller" Es mucho más fácil leer una o dos crónicas (más pueden llegar a confundirnos) que leer el libro. Además, tengamos la confianza de que un día lo conoceremos íntegro a través del cine y más tarde de la televisión. La prueba más evidente de esto es que el libro más leído del mundo es la Biblia. Libro que finalmente todos hemos conocido gracias al cinemascope. Lo mismo puede decirse de Romeo y Julieta, Otelo, Los tres mosqueteros y de la obra cumbre de la literatura española: El Quijote, que todos conocimos en la versión cinematográfica que hicieron los rusos.
Pero ¿qué ocurre tanto con el best-seller como con cualquier otro libro, si alguien nos lo comenta antes de haber podido adquirir información por una vía tolerable? Si tal inoportuno aparece, no hay que vacilar, se les responde con seguridad y entusiasmo: lo mejor es el tercer capítulo. Nadie recuerda cuál es el tercer capítulo. Una vez desconcertado el interlocutor con este tipo de precisiones, sin darle tiempo a reaccionar, arremeta con frases como éstas: " Creo que estructuralmente la novela no responde a las motivaciones del protagonista, esto aceptando que se puede hablar de la existencia de una estructura". No pierda la conducción del diálogo, interpélelo como si le interesara extraer su opinión: "¿Cómo calificaría usted la realidad que plantea la obra?" Su afirmación y su pregunta sirven para cualquier novela.
A esta altura ya tiene a su interlocutor rindiendo examen y tratando de buscar una respuesta inteligente. El problema, a partir de este instante, es de él.
Cualquiera que sea la respuesta, adhiérase con entusiasmo y pase a hablar del libro qeu usted ha leído. Había olvidado decirles que es necesario por lo menos haber leído un libro.
En el caso de que alguien le comente un clásico, tomar una actitud de rebeldía (siempre respetada y temida), afirmando:  yo sólo leo los modernos. Y viceversa. Dicho esto hay que retirarse, no sea que a alguien se le ocurra hablar de los modernos. O viceversa.
Puede ocurrirnos que el nombre extraño de algún autor nos haga entrar en pánico y la situación no nos permita aplicar nuestras estratagemas. En ese caso hay que afirmar: " A fulano no lo leo porque me aburre".
Y valga una digresión: revelar aburrimiento significa que poco o nada es capaz de complacernos, implica una superioridad frente a quien obligatoriamente debería divertirnos con su talento, revela falta de prejuicios para con los intocables y consecuentemente, autoridad, seguridad en nosotros mismos, libertad de juicio, no compromiso, desafío al orden establecido, insatisfacción, pérdida de capacidad de asombro por agotamiento de todo lo que sea capaz de asombrarnos, estar de vuelta y muchas otras actitudes displicentes.

Piensen ustedes qué cantidad de cosas dejaremos traslucir si decimos que un autor importante nos aburre, pero aún más, podemos llegar al límite de la sofisticación intelectual, si afirmamos que leemos a determinados autores precisamente porque tienen la virtud de aburrirnos.
Esto significa una verdadera toma de posición intelectual, filosófica, frente a la vida. Es la posición de quien puesto frente al inevitable aburrimiento del mundo caótico en el que nos toca vivir, lejos de balar contra el aburrimiento, la soledad, la incomunicación, asimila todo esto como quien sorbe con una pajita de refresco el caos y el absurdo. Si algunos intelectuales viven la pesadilla de estar parados sobre el caos y no sobre el cosmos, usted no se pare sobre el cosmos, porque va a parecer antiguo; siéntese sobre el caos como quien se sienta en un "water-closed".
Volvamos a la lectura. Puede ocurrir que un día usted necesite invitar intelectualmente a su casa, o lo que es peor, que un día invite gente a su casa y se le cuele un intelectual. Tenga en cuenta que los intelectuales husmean las bibliotecas. El ideal es no tener biblioteca. Deslice la información de que "la tenemos en el Estudio", " que está embalada en el sótano porque los libros ya no nos dejaban caminar". En el caso de optar por tener biblioteca no se le ocurra tener colecciones de "obras completas". ¿Quién va a creer que usted ha leído las obras completas de Balzac o de Marx? La gente lee libros no obras completas. Si Lenín hubiera leído las obras completas de Marx, no le hubiera quedado tiempo para hacer la revolución. Es más, se puede sostener que Marx era un antirrevolucionario, él sabía mejor que nadie que a cualquiera dispuesto a leer con seriedad sus doce tomos, al llegar a la última página ya se le habrían ido las ganas, el tiempo y la edad para hacer una revolución. Una trampa más de la dialéctica marxista.
Digamos, en cambio, que todos los que escribieron muchos tomos y pertenecen a las áreas cultas de la humanidad, nos servirán magníficamente bien para citarlos en la discusión. Es decir, cuando tengamos que argumentar y queramos robustecer lo que estamos afirmando, nunca digamos que son palabras nuestras, pongámoslas en boca de Kant, Hegel, Marx, Theilard de Chardín, etc.
A cualquier autor-filosófico que haya escrito más de cinco tomos se le puede adjudicar cualquier frase.

del libro: Como parecer culto y poder alternar con los intelectuales.
del autor argentino: Raúl Urtizberea.

jueves, 10 de marzo de 2011

Solo Dios Sabe - Pedro Aznar.

Tal vez no sea eterno
este inmenso amor que te tengo
pregúntale a las estrellas
qué sería de mí sin ellas?
Sólo Dios sabe nuestros destinos...
Si alguna vez te fueras
aún habría primavera
la vida continuaría
pero ya sin poesía
Dios es quien cruza nuestros caminos...
Si alguna vez te fueras
aún habría primavera
el mundo no muestra nada
a unos ojos sin mirada
sólo Dios sabe nuestros destinos...


Temazo...me eriza.